Nuestra protagonista viste como una supermodelo o una actriz de cine. No tiene cuerpo de maniquí, pero sí que es atractiva -o eso dicen-, exuberante y tiene un fondo de armario que para sí ya quisieran muchas de las que pisan estos días la alfombra roja de Cannes. Las iniciales de Gucci, Chanel o Luis Vuitton deslumbran en su vestidor y en los ojos de las empleadas que la miran con envidia a e incredulidad. Saben que esa fachada de señora rica pero joven, de alta ejecutiva hecha a sí misma, es pura mentira. Sin esa apariencia exterior, nuestra protagonista podría pasar en cualquier sitio por una Belén Esteban a la sevillana, con el inexcusable punto de ordinariez. Pero en ella todo es muy distinto.
Terminó el instituto a duras penas, si lo terminó, y pronto cazó al hombre oportuno. Eso le permitió rodearse de la riqueza y la apariencia que necesitaba para redondear su vida. Un padre influyente, muy influyente y cercano al poder, muy bien relacionado y muy bien considerado en los círculos donde se amontonan las fortunas, se lo podía dar prácticamente todo. Pero necesitaba una vida de rica, de señora, de alta ejecutiva, de mujer hecha a sí misma.
Así llegó a la empresa. No como la dueña, ni como la jefa suprema. Más bien como una conseguidora. Todos sabían en la oficina que, gracias a ella, la empresa logró captar a sus dos mejores clientes. Uno directamente de la Admistración; el otro, muy cercano a su progenitor. La cuenta de resultados se disparaba y todos ganaban mucho dinero. Pero llegó el día en que nuestra querida amiga cambió de aires, cambió de empresa a otra mejor.
Curiosamente, la empresa a la que llegó comenzó a vivir una época de grandes beneficios. De nuevo, los grandes clientes llegaban a ella como abejas a la miel. ¿Casualidad? Mmmm. No sé qué pensar. Ya lo hemos dicho: ella no tiene formación alguna para lograr semejantes éxitos. El caso es que en la vieja oficina ya se están lamentando. Muy pronto saldrán a concurso público los servicios que prestan a su mejor cliente y están convencidos de que lo van a perder. "Ella ya no vive aquí", se lamentan. Pero les falta el valor suficiente para denunciarlo con nombres y apellidos.
jueves 22 de mayo de 2008
La conseguidora
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentarios:
Recuerda la escena del pobre "Saza" como acólito de la misa de madrugada en la peli La Escopeta Nacional a la que iba a asistir en recién nombrado ministro del Opus.
Publicar un comentario en la entrada