Quienes me conocen saben que siempre admiré a Ronald Reagan, el presidente más espontáneo que han tenido los Estados Unidos de América. Y quizá por esa vena reaganiana sea por lo que pienso que "todos los que opinan del aborto son personas que han tenido la oportunidad de nacer". Atraca estos días en Valencia un barco que recorre las aguas internacionales de medio mundo para permitir a las mujeres abortar en una zona sin ley y allí que se han ido algunas que me han defraudado, como Pilar Bardem, banderita en mano, a defender esta barbaridad. Porque estoy deseando escuchar a los defensores de la moralidad en qué página de su código ético cívico y ciudadano vienen las razones que justifican esto.
Sé que a muchos les sorprenderá que una progre como Claudia Brócoli se rasgue las vestiduras por esto, que eso del barco de Herodes y todas esas "tonterías" son más propias del pregón de Burgos que de una periodista sin éxito. Sí, puede ser que sorprenda, pero creo que, a diferencia de los defensores a ultranza de las causas fotogénicas, como Pilar Bardem y tantos otros que gustan de inmortalizarse pancarta en mano, yo sí que tengo razones.
Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo, por supuesto. Y por eso mi amiga Marta está pensando ponerse tetas. A mí lo de las tetas no me convence, pero sí que algún día me gustaría tatuarme una manzana mordida. Somos dueñas de la piel que nos viste los huesos, sí, pero ésa no es aquí la cuestión. Hablamos de un asunto que legalmente no está claro: desde cuándo hay vida. Acepto las causas reconocidas que permiten decidir la muerte del feto, consabidas por todos, cuya necesidad me parece incuestionable. Todo el mundo sabe que los "problemas psicológicos de la madre" son un cajón de sastre en el que cabe cualquier excusa, por lo que realmente abortar en España antes de las 22 semanas de gestación es tan sencillo como acudir al médico arguyendo una fuerte depresión que nos puede llevar al suicidio. Pero me niego a admitir el todo vale que se nos pretende imponer con la excusa de que las mujeres queremos ser libres.
Ampliar los márgenes del aborto, y más aún en la impunidad de las aguas internacionales, es dar vía libre al asesinato preventivo. Una barbaridad incalificable es cortar una vida de raíz cuando hay tantísimas personas que desean ser padres y no pueden serlo por limitaciones naturales o biológicas. Cuánto más justo que el aborto es dar a un hijo en adopción, pero qué injusto es negarle la posibilidad de nacer a un mundo que lo espera, porque su corazón late ahí debajo. Quién sabe si estamos negando la existencia a un posible Einstein o un Picasso o un Cervantes...
Me apena y me indigna saber que tantas mujeres, entre ellas una menor de edad sin el consentimiento paterno, se han embarcado para romper aguas internacionales y sesgar una vida que Dios sabe cómo de avanzada estaba. La asquerosa impunidad de la alta mar, como si allí se pudiera matar y, por no estar penado, pudiera una quedarse con la conciencia tranquila.
martes 21 de octubre de 2008
El barco de Herodes
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2 comentarios:
Bueno Claudia, no te preocupes por las presuntas incoherencias de las que se nos acusa a los que nos consideramos de izquierdas. Hay quienes no entienden que ser de izquierdas no debería ser sinónimo de pensamiento único ni de ser el único que piensa. Y para muestra, un par de botones. Uno y otro
Perdón por la publicidad subliminal.
Chupetones varios.
Directamente, me quito el sombrero....
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