La kiosquera de la Puerta Jerez, como con esto de la crisis "la bulla me ahoga pero no veo a nadie", echó mano de una carpetilla que guardaba bajo el mostrador, para repasar algunas facturas del negocio y correspondencia atrasada. El libro de contabilidad le recordó que las ventas han caído y que pronto vencen algunas letras de proveedores a las que tiene que hacer frente. Abrió después una carta del banco y se enteró de que, con la revisión del mes de octubre, le subían la hipoteca un 0,60%. El sobre certificado que recogió por la mañana en la oficina de Correos traía una multa de la zona azul, firmada por un controlador de Aussa, sin testigos y sin rúbrica de la Policía Local, de ésas que dice la Justicia que son ilegales, pero que a ella, que no está al día de tanto legalismo, le hizo sentirse mal aunque sabe que nunca aparca sin el tique. Y luego sonó el móvil: fulanito se ha ido al paro. La kiosquera no aguantó más, suspiró, abrió los brazos y gritó: "¡Tierra, trágame!". Sobra decir que se trata de una fábula, pero cualquier día, nos sale nuestra querida Junta de Andalucía a decir que la súplica de la kiosquera fue la causa del último socavón del metro de Sevilla.
Ahí debajo está pasando algo que no nos quieren contar. Son ya muchas incidencias: socavones en distintos puntos del trayecto, una tuneladora que se avería y se desvía incluso del trazado, un vertido al río, grietas en edificios y el desplome de una enorme viga de hormigón en la SE-30. Las obras del metro de Sevilla no acumulan varias muertes por suerte o por un milagro, dejo esto a su libre elección de creyentes o ateos.
El metro lleva dos años y medio de retraso y todo apunta a que no se podrá inaugurar en la fecha prevista del 20 de diciembre. Algo hay que hacer, algo tiene que hacer la Junta de Andalucía para tranquilizar a la población, para evitar que no cunda el pánico. Algo así como el baño de Fraga en Palomares podría ser Manuel Chaves subiendo al metro solo, sin compañía alguna, aunque fuera más por valor o necesidad -que muchas veces es lo mismo- que por verdadera confianza.
Por cierto, que lo del 20 de diciembre es un engaño más de la Junta de Andalucía, una prueba de cómo se las gastan nuestros gobernantes para tomarnos el pelo. Recuérdese que una mañana de verano Chaves se comprometió públicamente a que la entonces consejera de Obras Públicas y Transportes, Concepción Gutiérrez del Castillo, diera una fecha definitiva e inamovible para la inauguración del metro. Y vino la fecha: otoño de 2008. Claro, ustedes piensan lo mismo que servidora: que eso no es una fecha definitiva e inamovible.
A duras penas, una vez alguien, no se sabe muy bien quién, dijo que la inauguración sería el 30 de septiembre de 2008, así que la fecha ya de por sí inamovible se postergó al 20 de diciembre, y hubo quien empeñó el honor defendiendo que nunca se dijo nada del 30 de septiembre sino que sólo se habló del "otoño de 2008". El 20 de diciembre, la víspera del solsticio de invierno, era la fecha indicada, y así la palabra de Chaves se salvaba por horas de diferencia. Ahora que, de tanto apurar, ya no tiene escapatoria y verá su promesa, además de retrasada, incumplida debería ser él quien mirara el noticiero y gritara: "¡Tierra, trágame!".
jueves 27 de noviembre de 2008
Tierra, trágame
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