Están locos. Jamás pensé que el odio fuera tan grande, que Monteseirín y Viera tuvieran sus corazones tan enfermos de avaricia, para destruirse mutuamente. En una guerra civil no hay vencedores porque al final pierde la patria, la nación, el país... o el partido. El alcalde de Sevilla y el secretario general del PSOE se matan entre ellos olvidando que al final vendrá Saturno para devorarnos a todos. Anteponen su codicia al interés general y los ciudadanos asisten atónitos a un despelleje insólito en la plaza del pueblo. Todos contra todos, sin el más mínimo sentido del trabajo en equipo. Maldito paso atrás el que Monteseirín pidió a Viera, preso de la locura; porque ahora el enemigo persigue la revancha cegado por el resentimiento. Ignora que no sólo el alcalde, sino él también, y Carrillo, son muertos vivientes. Porque aquí no va a ganar nadie: aquí vamos a perder todos.
Perderemos los sevillanos, porque la ciudad sufrirá sin duda la parálisis de un Ayuntamiento envuelto en ambiente bélico, con ediles que han de llevar un espejo en el bolsillo para vigilar de cuando en cuando su espalda, que tendrán que agudizar los reflejos para agacharse y esquivar los puñales que sobrevuelan y cortan el aire. Y así, claro, es imposible estar a lo que hay que estar, o sea el trabajo.
Pero sobre todo perderá el PSOE, porque a la postre quien gane esta absurda lucha interna probablemente no pueda aspirar más que a portavoz de la oposición. Sí, la ciudad se recuperará, porque a lo sumo serán dos, tres o cuatro años perdidos, pero los socialistas se juegan mucho más tiempo desalojados del poder, quizá ocho o doce. Zoido se frota las manos, porque ve al PP más cerca que nunca de lograr una victoria histórica en Sevilla.
Esto es ya una pelea de gallos en la arena política. Monteseirín contra Viera. Porque Emilio Carrillo se ha hecho una suerte de harakiri que pocos alcanzan a entender. Me pregunto si un tipo que dimite está capacitado para ser alcalde de Sevilla, su más reciente aspiración, y me contesto que creo que no. Unos dicen que, con esto que creen un suicidio político, quizá haya querido dejar claro que no se vendió al cruzar la línea y apoyar a Viera, que lo hizo por convicción personal, al sentirse defraudado por su ex amigo el alcalde, que jaleó la gresca de puñaladas traperas en que se convirtió la crisis por el atropello de Hytasa.
Y todo por el paso atrás, el puto paso atrás. ¡Quién le mandaría a Monteseirín salir como el gallo que no es, y nunca ha sido, a cantarle a Viera las cuarenta! A ver quién es ahora el que tiene que desandar sus pasos.
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martes 29 de julio de 2008
viernes 25 de julio de 2008
Todo donde estaba
Estos días de verano de mañana fresca, de corriente en el balcón, de rayo de sol que rompe el visillo de la ventana para colarse en el dormitorio, me trasladan al pasado. Acabo de regresar de una aventura estival y hoy, al despertarme en mi lugar natural, he sufrido un latigazo de añoranza. Ha sido casi un mes ausente, perdida y soñadora, y ha sido la nostalgia la que me ha devuelto la necesidad de contar lo que me pasa, en este nuestro blog de siempre. Sigamos, pues, adelante. The show must go on.
Me encanta volver porque cada cosa está en el sitio de siempre, aunque hay algunas que debieran cambiar con más frecuencia. Es julio, finales ya, y me ha costado la vida cruzar el puente del Centenario. He pasado por la Encarnación y he visto las setas como las dejé, algunos dicen que han avanzado, pero lo cierto es que para mí están igual que antes. Las obras del metro siguen como estaban, con la Enramadilla a medio cortar y con esa nube de polvo que nunca termina de irse y que me obliga a entornar los ojos cuando paso con la bici por delante de Viapol. José Antonio Viera sigue donde me lo dejé, solo que más reforzado, o eso dicen. Alfredo Sánchez Monteseirín anda en sus cosas de siempre, distrayendo con una Tablada verde y con el nombre de las cosas. Tablada sigue siendo verde, por cierto, o más bien de ese tono marrón-ocre-verdoso de pradera africana al pie del Guadalquivir. Todo sigue igual, o casi. Somos nosotros los que hemos cambiado. Por eso mi nostalgia de hoy, cuando entró por mi ventana la frescura de la calle regada. Chupetones. Leer más...
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