domingo 14 de junio de 2009

Fútbol y negocio

Nadie, ni siquiera Florentino, el coleccionista de mitos, sabe si los fichajes de Cristinao Ronaldo y Kaká serán rentables. Estoy harta de escuchar y leer estos días a esforzados analistas y comentaristas tratando de explicar por qué los dos nuevos galácticos del Real Madrid han salido baratos o caros desde un punto de vista estrictamente económico. Sostienen que Cristinano él solito vende más camisetas en Asia que todo el Real Madrid, que Kaká permitirá ingresar por publicidad el doble de lo que cobra anualmente... Una, en cambio, piensa que el factor económico, aun siendo importante, es secundario. Florentino, que es un lince oportunista, seguramente habrá pensado en todo ello, pero sabe que sus apuestas sólo darán réditos si el Real Madrid vuelve a ganar títulos.

CR7 y Kaká aportan algo más que una mercancía jugosa y fácil de vender. Son dos de los mejores peloteros del mundo (hace tres semanas los números uno eran Xavi, Iniesta y Messi, por cierto) y resulta indudable que su principal aportación al Real Madrid debe ser futbolística. Podrán hacer mucha caja, pero si la Liga o la Champions League no regresan al Santiago Bernabéu, los fichajes habrán sido un fracaso.
Por eso discrepo de tantos análisis mercantilistas, cuando lo que está en juego no es el dinero sino los títulos. Volver a conquistar la Copa de Europa haría rentable, en términos de ingresos, los dos fichajes astronómicos de Florentino, que no serán tan caros a la postre, puesto que habrá que descontarle lo ingresado por las ventas de descartes.
Tener las cuentas saneadas y alcanzar una tercera plaza en la Liga puede ser un objetivo para un club mediano como el Sevilla o, en sus mejores años, el Betis. Ellos sí que pueden sacar pecho por los éxitos mercantiles de futbolistas como Kanouté, Oliveira o Daniel Alves. Nadie exige superávit, pero tampoco nadie exige títulos, si bien parece que esto empieza a cambiar.
En el Real Madrid no ocurre eso. Alzar copas es lo primordial. Pero saben Florentino y Valdano que el respetable de Concha Espina tampoco se conforma con eso: exige disfrutar, jugar bien, tocar la pelota con dulzura y elegancia, desquiciar al rival y desbordarlo en elegancia... igual que hace el Barça.