miércoles 30 de septiembre de 2009

La mezquita de... ¿San Jerónimo?

A San Jerónimo dejaron que se le cayera su monasterio y ahora le van a construir una mezquita. El barrio, que toma su nombre del monasterio, que a su vez lleva el del santo penitente, el de la cruz y la rodilla en tierra, el de Ribera, El Greco o Torrigiano, va camino de erigir una mezquita, que por lógica debería ser bautizada como la barriada, o como el monasterio y el santo: la mezquita de San Jerónimo, que para eso el monasterio está en la calle Marruecos. ¡Viva la Alianza de Civilizaciones! No se cuestiona aquí el derecho de los musulmanes sevillanos a disrutar de un lugar donde llevar a cabo sus oraciones y sus abluciones. Lo que clama al cielo, a Dios y a Alá, es el doble rasero del alcalde Monteseirín al escuchar a los vecinos de Sevilla, según sean de un sitio u otro. Los votos mandan.


Ha dicho la muy fashion, y sin embargo hortera, portavoz del gobierno municipal, Maribel Montaño, que la mezquita sólo se construirá en San Jerónimo con el consenso de los vecinos. O sea, que al barrio obrero y socialista se le abren las puertas y los oídos de la Alcaldía, pero los homófobos ricachones fascistas -eso piensan- de Los Bermejales, que vayan a los tribunales, que encima tiene rima. Y encima van... y ganan y todo, con esa Conchita Rivas despelucada, la pobre, por culpa del ajetreo.
Claro, Conchita Rivas, que me recuerda al bajo de The Cure, se despeina por sus vecinos mientras que Maribel Montaño, tan obstinada en el consenso con los obreros del distrito Norte, se nos asoma canalilleando en la tele municipal, como dice mi amiga Mamen, con esa grieta que le copa el escote y que más bien parece una metáfora de la urna electoral. Un mensaje subliminal, tal vez, a los fornidos mecánicos de la Fasa Renault que a mediodía parten el pan en su casa con el mensaje de fondo de la TV de Monteseirín: depositen aquí su voto.
El voto es lo que importa. Estamos abiertos de oídos ante ustedes, señores socialistas, barrio de los nuestros. No piensen, trabajadores de grasa en las manos, que vamos a consentir una mezquita en vuestro territorio como un caballo de Troya. Si se construye, será porque vosotros queráis... y no como los fachas de Los Bermejales.
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lunes 21 de septiembre de 2009

Robles, al Abc

Pocos discreparán conmigo si digo que Francisco Robles es un columnista sin parangón. El descaro, más que la ironía o la guasa, es la clave de su éxito. El perderle el miedo, si no el respeto, a los que gobiernan, visto el nivel y las formas que gastan los políticos de ahora, y reírse de ellos a pecho descubierto y sin piedad. Fundamentalmente a Alfredo Buena Gente y al Tío de la Pipa. Por eso recala ahora en Abc de Sevilla, algo que tenía que pasar sí o sí, según opinión general del consultorio de mis amigos y colega de profesión. Robles se va a las páginas de Abc y todo el mundo dice que era lo que tenía que pasar.

Servidora opina que Antonio Burgos y Francisco Robles son reincidentes, o sea que suelen contar lo mismo. Hasta ahora, sin problemas. Pero dentro de un mismo medio, posiblemente en páginas muy cercanas, la cuestión puede derivar en espinosa para el lector. No obstante, me atrevo a afirmar que ocurrirá algo así como con Juan de Mesa y Martínez Montañés, que el alumno pasará al maestro más pronto que tarde. En realidad, tardará en acontecer lo que los lectores del Abc tarden en descubrirlo, porque a mi juicio Robles aporta ya una frescura, espontaneidad y genialidad que Burgos practica cada vez menos. O acaso es que a Burgos, a su edad, cuando lo hace, como con el romance a la bolsa del Carrefour, aparenta más una excentricidad que otra cosa.
Aquí tampoco hay que olvidar que Burgos y Robles ya compartieron página en El Mundo. Es más, si la memoria y la hemeroteca no mienten, creo que Robles dio el salto a la prensa regional cuando hubo de reemplazar El Recuadro en el periódico que dirige Francisco Rosell. Por cierto, que ha extrañado a alguna gente que Abc haya aprovechado este domingo para anunciar su flamante incorporación y que El Mundo no haya anunciado aún nada nuevo. Una de dos: o el fichaje los ha pillado desprevenidos o El Mundo calla porque esconde bajo la manga una réplica interesante. Habrá que estar atentos.
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domingo 20 de septiembre de 2009

Imitadores en la Ser

Escucho la Ser, que siempre fue mi emisora de cabecera, y me pregunto si quien habla es Carlos Carnicero o un imitador de Carlos Carnicero. "El mejor favor que se le puede hacer a Zapatero es ser crítico; los aduladores le sobran". La crisis financiera debe de estar afectándome, porque yo tampoco doy crédito. Algo se mueve, algo está ocurriendo, algo falla cuando la emisora de Prisa se vuelve crítica con el Gobierno del PSOE. El poder se divorcia del poder y dicen que es por asunto de cuernos. Cuernos... y bien reviraos.

Está en juego la pasta, el monopolio de la televisión de pago. González se la regaló a Polanco, que fue un señor muy agradecido, y ahora Zapatero se la pone en bandeja a Roures, que es un tipo muy listo. Cebrián anda muy cabreado con la cuestión y lleva una semana repartiendo estopa en contra del Gobierno. Dijo Guerra que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió y, por el momento, el que está irreconocible es El País. El otro día anduve trasteando el Mp4 creyendo que en la frecuencia de Radio Sevilla se me había colado el cuco de Federico.
Hace una semana que ningún amigo ni ningún familiar ni ningún vecino me pregunta que cómo es posible que haya tantas diferencias entre cómo unos medios y otros cuentan la realidad. Hasta ahora siempre les respondía que era cuestión del libre pensamiento. A partir de ahora les diré que todo es por la pasta.
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miércoles 2 de septiembre de 2009

De nuevo

Se acerca el otoño y me siento bien. Atrás quedan muchas cosas, las mismas de siempre, o sea el sol, el calor, la arena y la sal. Siempre es el mismo mar de julio y agosto, la misma sombrilla, la misma toalla, siempre son los mismos domingueros los que me incordian. El verano siempre es igual. Yo prefiero mi rutina de siempre, la que acaba de empezar de nuevo. El éxito me huye y creo que me alegro.

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